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Un culto pagano

 

Una buena tarde del otoño helesponto de nadie recuerda cuándo, Apolo, que dormía una portentosa siesta bajo una higuera consagrada a Dioniso, abrió su olímpica boca para dar un divino ronquido (más musical, menos rudo) cuando una mosca que rondaba los higos paganos se desprendió de la gota supina de miel para posarse en la hermosa comisura. Airado por el cosquilleo despertador, el más bello de los dioses (descontando a Hades, pero su belleza era negrura) se irguió de un salto, palpó los labios carnosos y con un velocísimo aspaviento atrapó a la mosca atrevida para, después de sonreirse, apretar el puño hasta producir un leve crujido.

Por esas vaguadas áticas y pobladas de ruinas (nadie ha dicho que los antiguos no gustasen de mayores antigüedades) todo el mundo sabía que el príncipe Clepsídocles, primogénito de Clepsídocles y nieto de Clepsídocles, no había podido soportar la vergüenza y había huido. Y con razón. Nadie recordaba, ni los más ancianos ni los todavía más ancianos (el precio del clasicismo es el de una cierta senectud que se pega a todo), a un bascárido hijo de los taludes fragantes de lavandas de Bascaria que hubiese entregado las armas en pleno combate, poseído por el miedo a la muerte e incapaz de guiar a su hueste en la lid guerrera, ni menos todavía que el cobarde fuera un clepsídocle (de la progenie de Clepsídocles Hermokleón, que dicen hundía su sangre genética de estirpes en una cueva ovidiana de esas que ya estaban cuando Cosmos suplantó a Caos). Porque así fue; el joven heredero, enfrentado el pueblo bascario en crudelísima batalla contra sus vecinos protacleontes (de Protaclia la Vieja, no confundir con la Nueva), había flaqueado de hechuras y temiéndose que la batalla guerrera condujese a la inevitable sucesión, pues su padre y rey andaba anciano y lento, prefirió tomar las de Villadiego griegas y escapar monte arriba hasta los cantiles que como en una acuarela de Caspar Friedrich dominan el mar en el Estrecho de los Dardanelos.

Como los dioses son caprichosos pero no holgazanes, Zeus no tardó en encontrarlo entre las cuevas de pastor que habitaba y, pueden temerlo, con un ruidoso chasquear de los dedos lanzó un rayo tonante y descendente que lo alcanzó en la pantorrilla y lo convirtió en mosca; en esa mosca, mire Vd. por dónde, que muertihambrienta y con mucha sed había ido a beber miel de higo a la boca de Apolo. Mas no crean que fue mal fario de artrópodo el que puso allí al príncipe insecto y al dios pulquérrimo. Apolo, amén de alto y guapo es muy picajoso, y gusta mucho de que los hombres le rindan culto de acuerdo a pagana liturgia. Rota la real sucesión bascara por la huida del cobarde no habría rey que proclamase que por encima de su testa coronada estaba la marmórea y rubia cabeza de Apolo, a quien los bascarios rendían culto desde que el mundo fue mundo. Apolo es dios de las músicas bien tonadas, de las pozas con serpientes, de las nubes bajas y de las cosas apacibles (“apolíneas”, dijo Nietzsche mucho tiempo después), pero también es dios del Estado, y con eso, pensaba Él, no se juega.

Ciertamente aquello fue cosa terrible, pero uno no es quién para juzgar los designios de un dios. Ocurrió hace siglos y ahora vivimos tiempos descreídos, aunque hasta el más ateo de los ateos sabe, porque lo dijeron Stirner y Calasso, que todo en este mundo tiene una forma religiosa y que, por si esto fuera poco, los dioses no mueren; tan sólo se ocultan. Lo que uno no desearía nunca es irritar el celo creativo de Apolo. Ya procuramos cumplir con esas pequeñas y coqueas liturgias íntimas que hoy exigen los dioses prófugos. Y como tampoco desea uno el mal ajeno, hemos resuelto hacerle saber al príncipe Enrique de Inglaterra el destino del príncipe Clepsídocles, para que la próxima vez que le tiemblen las hechuras monárquicas sienta un tanto así de temor apolíneo y otro tanto de pudor real antes de proclamar a los cuatro vientos periodísticos que no es digno de gobernar la Moderna Albión porque es hijo aventajado de estos tiempos.

 

Fdo:

José Antonio Martínez Climent

A 24 de Junio de 2017.

Bibliografía

http://www.elperiodico.com/es/noticias/internacional/enrique-inglaterra-dice-que-nadie-familia-quiere-ser-rey-reina-6122790

Apolo

 

 

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