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Monthly Archives: noviembre 2017

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El reaccionario

Hace sólo cinco años no pensaba que un día tendría que salir de mi patria (un lugar pequeño y hosco sin interés para nadie más que para mí y quizá, aunque esto es presunción, para algunos de los míos) para protegerla del fuego. Y eso hago; salir del bosque a ratos para recomponer la empalizada, ensuciar de sangre las calaveras en las picas, llenar de pez los pozos, oxidar las hachas y renovar los esqueletos que cuelgan de las ramas, porque se los comen los grajos.

El escepticismo no me lo impide, ni la vida en este bosque lo prohíbe. La militancia en fila alguna no está inscrita en mi carácter, y a cambio de ello hay una sombra más o menos literaria de lo que debiera ser la lealtad para con amantes y amigos. Y así aquí estamos, en esta página perdida entre centillones de otras páginas, poniendo un inútil sillar entre las ruedas del Progreso que ya se anuncia a voz en grito como Redención. Es decir, como depuración.

Mientras pueda, no en mi casa en ruinas.

Fdo:

José Antonio Martínez Climent

A 23 de Noviembre de 2017

en Alicante.

ruina 2

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La raza y la sed

El mapa que acompaña esta nota ofrece un vistazo eficaz de las cuencas hidrológicas en España. Confieso que de pequeño pasé horas sin fin vagando por esa geografía con la imaginación. Lo mismo estaba en el verde oscuro cántabro esperando la arribada de un ballenero en un puerto de costa que me perdía en el marrón castizo de la Meseta paseando entre trigales y sotos enchopados.

A esa imaginación primeriza no le sería hoy tan fácil vagar de sierras a vegas o de rías a valles, porque a las potencias geomorfológicas se le yuxtapusieron las veleidades historicistas de las marcaciones autonómicas. Las mismas que hablan con total impunidad de la superioridad o de la inferioridad racial de sus pobladores. Tantos años pasados (desde que el niño dejase un día la terraza de la casa de su abuela para guardar por última vez aquel álbum de cromos en un cajón donde habría de pasar casi cuarenta años hasta hoy, cuando, rebuscando algo inútil, su esquina amarillenta y cuarteada ha emergido entre los pliegues de una sábana de lino crujiente de tan vieja) no han logrado extinguir aquella intuición infantil de que la tierra y el mar eran más fértiles que los vanos trajines de la Historia.

Hoy vuelvo a mirar las viejas marcas, las del mapa, las mías. Una voz quebrada por la estática repercute en mi memoria, epifanía de una enorme radio de galena que mi abuela escuchaba ligeramente recostada cabe su celosía de madera. Daba los partes del tiempo, aquel año no hubo sequía. Y el recuerdo se disuelve.

Vuelvo a mis necios quehaceres diarios, con cincuenta años y pico a las espaldas y un mapa geográfico de España recorrido, ahora lo he visto, por un solitario y veloz pez de plata. El parte de hoy no lo da aquella radio, sino un moderno televisor de plasma. Una joven peripuesta habla del alza de un impuesto, de algo en Rusia que no entiendo, de la sequía pertinaz, de cómo esas parcelas a la gresca que llaman autonomías se disputan como hienas las cuencas hidrológicas que cosen mi mapa. Y por primera vez en su vida, a aquel niño que se perdía en la vasta topografía ibérica le viene una certeza de anciano: qué diantre tendrá que ver la raza con la sed.

Fdo:

José Antonio Martínez Climent

En Alicante,

a 19 de Noviembre de 2017.

Mapa de España

La casa en el bosque de Nemi

No sé si Nabokov andará a estas horas por el cielo (ese cielo de los rusos blancos, que es todo restitución de sus magníficas casas solariegas y olvido de las penurias del exilio) buscando insectos a la diestra de Ernst Jünger, pero no es difícil imaginarlos a los dos observando bajo el cuentahilos la agonía de una gruesa polilla que se ahoga en espíritu de formol. Tampoco se hace penoso suponer que si en algún momento la emboscadura fue oportuna es ahora: incluso si se trata de una emboscadura a la española, recia en su formulación, ruda en su práctica, sazonada de cabezonería y embebida en un quedarse fuera de la farsa política (o casi) que unos y otros representan con peor o mejor suerte. Al fin y al cabo para emboscarse sólo hace falta despedirse sin que nadie lo note, ni tu esposa, ni tu amigo, de un lugar y de unas compañías que nada tienen que ofrecer más que utillaje para la propia vida.

Fdo:

José Antonio Martínez Climent

A 9 de Noviembre de 2017

en Alicante.

Ernst-Jünger-la emboscadura

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