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De dioses y tormentas

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Netón no es dios con el que andarse con melindres ni zarandajas. Sólo un necio o un laicista (…) tendrían la osadía de negarle culto o de hacerle burla al dueño del rayo y del trueno. Es cierto que va para siglos que nadie le rinde las debidas ofrendas ni solicita sus oráculos, montaraces, caprichosos, como los de todo dios que se precie, pero no es menos cierto que si algo tiene lo divino es una infinita paciencia para esperar la ocasión propicia.

En punto a enfados destructores Netón nada tiene que envidiar al viejo Ukko o al Thor escandinavos, ni al Tláloc del desierto mejicano, tan áspero que cuando no estaba en el cielo vivía en los espinos. Apegado a la celeste tradición, el viejo dios celtibérico tenía por orgullo enviar de vez en cuando una lluvia de serpientes que a medida que caían desde las negras nubes o del cielo despejado (para aumentar el efecto) se aserraban e incendiaban de pura luz hasta convertirse en rayos. Es muy posible, en consecuencia, que la tan hispánica expresión “que te parta un rayo” venga de aquellos tiempos antiguos cuando tal cosa era, más que posible, casi segura a poco que uno airase al dios o mal le hiciera a su vecino, que, resentido, apelaría a su justicia incendiaria.

Hay quien dice que fue Nikola Tesla el enterrador determinista de la dinastía tonante. Con empeñado genio científico, el joven inventor hijo del imperio austríaco acabó por entender la potencia fantasmal de la luz circulante, e incluso con el tiempo fue capaz de producirla enclaustrada en bobinas y dinamos sin necesidad de que nadie solicitase oráculo ni diese óbolo para venganzas. Más no cree uno que así fuera. Tesla no fue el domesticador del rayo, sino su exégeta en términos científicos. Cabe incluso que Netón, para entonces ya muy hecho a la morada celeste con vistas a una tierra que ni siquiera recordaba su nombre, viese con buenos ojos a aquel científico finsecular tan espigado y bien vestido, con su bigotín almidonado y sus modales imperio mostrando al mundo sus enormes e incomprensibles aparatos que, al cabo, mediando un seco chasquido anunciador, hacían nacer del mero aire de la sala la centella azulada, aserrada, serpentina, entre oes de asombro y algún que otro desmayo de las señoras de bien.

Y he aquí que ayer mismo un rayo venido de la nada acertó con fina puntería el tronco de una altiva y moruna palmera que crecía en sus abonos municipales en un jardincito del pueblo de San Juan, provincia de Alicante, uno de esos que de jardín sólo tienen el nombre porque no pasan de ser concreción de esa legislación sobre la higiene del comportamiento en que el munícipe progresista convierte la vida del votante. Nubarrones veloces agrisados, fanfarria de negros truenos, algo de lluvia para completar el atrezzo, un chasquido eléctrico (como los de las máquinas de Tesla), y palmera derribada, sin causar mayores daños.

Será porque la religión está cada vez más retirada o prohibida de la vida pública (menos las religiones seculares, que están en pleno auge de fe). O quizá porque sólo los viejos huertanos y pastores del pueblo, ya octogenarios o cesantes de vivir, conocen la cuna de ese rayo al que los técnicos del concilio apellidan de “aislado”, como si San Juan estuviera ya tan lavado de su historia reciente y rural que nadie pudiera cuestionar la naturaleza determinista y azarosa de aquella sierpe eléctica. Sea como sea, el sol ha vuelto a salir esta mañana. Netón estará otra vez en plena siesta de cien años, a la espera de que una picazón divina le mueva a levantarse de su lecho y a pensar por un momento si nos envía rayo suelto o si baja en serio a este valle de lágrimas (moderno, higiénico, descreído de todo salvo de sí mismo, tan aburguesado en su autodevoción como en sus grises revoluciones) aprovechando las gotas frías de septiembre. Mientras tanto nadie tema que rayo alguno le parta, pues el concilio sanjuanero ha creado comisión de investigación en “coordinación con el Departamento de Medio Ambiente” con el fin de completar “un estudio exhaustivo de las diferentes especies de arbolado y su situación”. Así, con ideología e impuestos disfrazados de harapos técnicos, es como el necio hombre progresista cree domeñar incluso al rayo destructor.

Netón, te lo ruego: no tardes.

 

Fdo:

José Antonio Martínez Climent

En Alicante, a 18 de Agosto de 2018.

Netón, dios del rayo

 

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