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Monthly Archives: octubre 2018

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El último bastión

Breve diálogo verídico, reciente & edificante:

“Monitora” de la piscina: “No puede nadar con palas.”

Cliente: “Buenos días, joven. Le informo con mucho gusto de que uno ha cumplido con la severa exigencia que rige esta piscina, y que ha entregado un certificado médico (en otros tiempos, señorita, que usted no ha conocido, arriba en el centro llevaría una póliza verde con un águila rampante) a la dirección, nada menos que cuñado por esa magnífica institución estatal que es la Seguridad Social, cuyo nombre, dicho sea de paso, no sé qué tiene que ver con la salud, a menos que se considere a la persona singular como fuente de enfermedad y a la agrupación forzosa el remedio.”

M: “Además del certificado, sólo puede usar las palas si la calle está vacía o si le da permiso quien esté nadando en ella.  Son muy peligrosas, puede golpear a alguien y hacerle daño.”

C: “No está en mi ánimo contradecirla, señorita, pero no son esos los términos en los que la dirección expuso sus severísimas condiciones para admitirle a uno, que no es nadie, en este club deportivo tan selecto. Por otra parte, como ve, las dichosas palas son de goma, y romas. Si por algunas acabase uno golpeando a alguien en la cabeza, o siendo golpeado, la escena resultaría cómica, no dramática. Cabe añadir esto: ¿No ve usted, tan claramente como uno, que el daño lo causan ustedes al impedir que uno cumpla con estos ejercicios ordinarios, ejecutados con cierta gracia y con instrumentos comunes en cualquier piscina del mundo civilizado?”

M: “A mí eso me da igual. Son las normas”

C: “¿Me está diciendo usted, joven, que los ejercicios de rehabilitación que uno haga en esta bella piscina, a la que de tan agradable y soleada dan ganas de llamar impluvio, al modo latino, los determinará en adelante el capricho de cualquiera de las orondas señoronas que por allá reflotan, o el talante de estos caballeros, sin duda tan gruesos y cariacontecidos a causa de sus graves ocupaciones diarias?”

M: “Sí.”

C: “¿Y no le parece a usted algo insensato pretender que la salud de uno la determine el humor matinal de estos probos ciudadanos que nada saben ni de uno ni de sus achaques?”

M: “Su salud no es mi problema.”

C: “Le confieso que me asombra la rudeza de sus modales. Sin duda uno se está haciendo viejo, y va a ser que los antiguos usos de los extintos socorristas, que cumplían la muy cívica ocupación de salvar la vida de los arriesgados y la de los de mala digestión, han dado paso a esas formidables certezas con las que usted habla y a ese tono de policía que le sale tan natural. Pero no haga caso a este señorón deslomado y siga con su alta tarea de vigilante que ya dejo las palas, y la vez próxima traeré en su lugar unos guantes palmeados, poco útiles a efectos de recuperar las fuerzas, es cierto, pero que nos darán un aspecto de pato muy acorde con lo que de uno se espera aquí”.

Así concluyó el diálogo, celebrado hace apenas unos días en cierto lugar de Castilla, y del que debemos extraer la siguiente conclusión: El viejo lema romano, SPA, salutem per aquam, tan saturado de benigna esperanza para el enfermo, ha sido derrocado y sustituido por aquella seca expresión con la que la ETA firmaba sus cartas: socialismo o muerte.

 

Fdo:

José Antonio Martínez Climent

A 6 de Octubre de 2018

stalker-1979-

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